miércoles, 1 de junio de 2016

¿DE QUIÉN NOS PODEMOS FIAR?


Esta semana en el blog #InnovArte os quiero hablar de darle sentido a nuestra vida y para ello necesitamos una fuerza que nos ayude, necesitamos confiar y nunca dejar de creer.

Y para ello me he inventado una pequeña historia que seguramente a algunas personas les puede resultar algo familiar.

Érase una vez un muchacho adolescente llamado Pedro.

Y sucedió que un buen día, Pedro ya no quería ir al instituto, estaba deprimido y aburrido y su vida se estaba convirtiendo en algo gris. Estaba cansado de soportar a sus padres, a sus compañeros, a sus profes y en definitiva estaba harto de todo el mundo.

Últimamente había suspendido varias asignaturas y eso le había provocado una caída general en su estado de ánimo del que todavía no se había recuperado.

Y es que Pedro estaba en una etapa difícil y complicada de su vida en el que pensaba que las cosas que hacía no merecían la pena, sentía mucha ira y rabia por todo lo que tenía alrededor y era rara la ocasión en el que aparecían en él emociones de alegría.

Pedro sentía que su vida era un asco, no era nada feliz, quería escapar de todo pero no sabía cómo salir de aquella situación.

Sobre todo el faltaba confianza y autoestima por la incertidumbre que tenía, porque no sabía lo que quería hacer en su vida, estaba disperso y no era capaz de focalizar su atención en algo positivo y concreto, algo por lo que estuviera dispuesto a luchar y esforzarse.


Aunque había algo importante para Pedro y era el poder complacer a sus padres. Porque Pedro amaba mucho a sus padres y deseaba de todo corazón poder ayudarles, aunque solamente fuera aprobando y sacando buenas notas en el instituto. Aunque también esa baza la estaba perdiendo y eso le hacía sentir agobiado y angustiado.

En las últimas semanas Pedro les preguntaba muchas veces a sus padres por su futuro:

-¿A que me voy dedicar en el futuro?, les decía Pedro a sus padres.
-Ahora no te preocupes, lo que tienes que hacer es aprobar y luego ir a la Universidad dentro de un par de años, comentaba la madre de Pedro.
-A ver si te vas a dejar algo para el verano y encima nos amargas las vacaciones, hijo tú estudia que es lo que tienes que hacer, repetía su madre una y otra vez.

A Pedro no encajaban el mundo que tenía a su alrededor, ya no le gustaban las conversaciones de sus compañeros de clase, estaba asqueado de hablar siempre de fútbol y de sexo.

Cada vez estaba más sólo y su luz apenas podía brillar.

En casa las cosas tampoco acompañaban debido a las dificultades económicas y el estrés familiar para llegar a final de mes.

Ese año estaba siendo muy duro para todos y Pedro no sabía lo que podía hacer.

Por la noches, Pedro se ponía a llorar al acostarse, sobre todo cuando no le oían sus padres.

Sentía mucha impotencia por aquella situación. Sobre todo sentía amargura, frustración y decepción en su corazón. Se había convertido en alguien que no quería ser y eso le angustiaba y le producía mucho dolor.

Un día en casa con sus padres y en mitad de la comida, Pedro explotó:

-“Estoy harto, ya no puedo más”, les dijo Pedro a sus padres muy enfadado.
-“Ponte las pilas, estudiar es lo que tienes que hacer. Mira tu padre cómo está por no haber ido a la Universidad”, comentaba la madre de Pedro con la voz desgarrada.
-“Pues estoy harto y no voy estudiar”, comentó Pedro. A continuación se levantó de la mesa y se marchó a su habitación dando un buen portazo.
-“Se le pasará el cabreo”, apuntaba el padre de Pedro.

En la habitación Pedro se puso a llorar y mientras escuchaba la radio poco a poco fue recuperando la calma.

Sus padres se habían quedado en la cocina muy tristes y abatidos y tampoco se explicaban lo que estaba pasando y cómo salir de aquella situación. Estaban bloqueados.

-¿Qué vamos a hacer?, comentaban angustiados los padres de Pedro.

Y es que esos momentos en la casa de Pedro se habían levantado varias preguntas:

-¿Dónde estaba la alegría que tenía Pedro tan solo hace varios meses atrás?
-¿Dónde estaba el cariño de sus padres?
-¿Qué estaba pasando en aquella familia?
-¿Qué estaba fallando?

Un día ocurrió que Pedro estaba en clase y se desmayó, se había quedado inconsciente y al caerse al suelo se había golpeado la cabeza.

Todo el mundo estaba muy preocupado y mientras estaban avisando al servicio de emergencias 112, Pedro abrió los ojos, recobró el conocimiento y volvió a la normalidad.
Habían pasado apenas 5 minutos y cuando despertó vio a todo el mundo a su alrededor.

Todos le estaban animando.

Pedro ser sentía muy aliviado, se había quedado en un simple susto.

Lo más importante de todo fue que mientras estaba inconsciente había tenido un sueño y todavía podía acordarse de ese sueño, que no entendía muy bien.

Soñó que estaba en clase como un día normal, pero que en ese momento se había cruzado la mirada y la sonrisa de Marta, una compañera de su clase.


Entonces Pedro se había atrevido a quedar con Marta para tomar un café en el recreo y ella había aceptado.
Y esa decisión y acción que tomó le había cambiado la vida.
En aquel recreo las palabras, la energía y el apoyo de Marta habían comenzado a transformar a Pedro, algo había sucedido dentro de su corazón, se había producido una rendija y ahora la luz de su alma comenzaba al fin a salir.

La amargura se había convertido en algo dulce, grande, capaz de sentir y de perdonar. Ahora Pedro sentía paz y amor en su corazón.

-¿Qué había pasado? ¿Había sido un milagro?

Y ese día Pedro aprendió la mejor lección de su vida y aplicando esa lección, las cosas empezaron a cambiar y mejorar en la vida de Pedro.

Ahora Pedro, por fin había aprendido de quien se podía fiar.

Y ahora si quieres te invito a que reflexiones lo siguiente:

¿Y tú de quién te puedes fiar?

Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.

Gracias de corazón ¡¡

GenteGenial